Basado en "Acefalia" de Julio Cortázar.
"A un señor le cortaron la cabeza y tuvo que seguir viviendo sin ella"
Así dio la noticia Matías Prat en el Telediario, con ese tono nasal tan suyo entre lo dramático y lo cómico, y no me extraña. En plena cena, mi madre casi se atraganta, mi hermano explotó en risión, lo que él mismo definía como una carcajada explosiva imparable, mi padre soltó cantidad de improperios típicos de sus raíces argentinas que no voy a exponer aquí, y yo ingenua adolescente, simplemente pensé, uno más y uno menos.
Partiendo de la máxima de "ojos que no ven, corazón que no siente" el Gobierno, ante la hiper población carcelaria, había implantado este método denominado "Acefalismo", con los violadores, asesinos, pederastas y traficantes de seres humanos.
Ahora el señor de la noticia se iría a vivir a la Isla de los descabezados, ni tan mal. El propio Gobierno había sacado tajada en el asunto poniendo cámaras por todos los rincones y emitiendo en el canal "Acéfalo" durante 24 horas la vida de esas personas.
Desde que se descubrió que se podía vivir sin cabeza, muchos fueron los que delinquieron "a propósito" según confesiones "para saber lo que se sentía".
En una ocasión entrevistaron a un señor que sabía comunicarse con lenguaje de signos. Decía que aquello era una mierda. Que estaba harto de la alimentación intravenosa, de caer sin sentido en cualquier momento de la noche porque había perdido la noción del sueño y cosas así. Que no ver era un martirio, pero que daba las gracias por tener un bastón para guiarse. Que lo peor era tener que llevar pañales siempre y nunca saber cuándo los tienes que cambiar hasta que los tocas. Que lo mejor no lo tenía muy claro, porque al no poder pensar todo era muy confuso, y además la falta de oído y olfato tampoco ayudaban. Aún así decía estar agradecido.
Y yo pensaba ¿agradecido de qué? Hombre, una cosa sería poder sacarse la cabeza de vez en cuando, ponerla a remojo un ratito en la bañera y dejar de escucharse a uno mismo la marabunta de ideas flojas, micro pensamientos inútiles, problemas absurdos, canciones machaconas, recuerdos extraños...y otra cosa es no tener emociones, ni sentimientos, ser un autómata y encima dar las gracias por ello. Di que también dejaría de escuchar las protestas de mi hermano, los enfados de mi padre, las histerias de mi madre, el instituto, los profes, los exámenes... ¡Uy! ¿A ver si es que yo no me lo he pensado bien y me estoy perdiendo algo? ¡Ay no! ¡No! ¡No! ¡No!
- Papá ¡por tu padre! cambia de canal por favor que estamos cenando.
precioso, una distopia que a saber sino sera realidad dentro de poco
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