Cría cuervos y te sacarán los ojos
En su infancia fue un niño adorable, un hijo ejemplar y más tarde, un estudiante que supo sacar partido tanto de su talento como de sus circunstancias, con el apoyo incondicional de sus padres, personas de campo, tan humildes como nobles que se vieron envejeciendo solos ante la ausencia de un hijo cada vez más próspero.
Primero vendieron la granja de vacas, el esfuerzo de tres generaciones, para costear la universidad del hijo. Después vendieron la finca con la que un día soñaron que ahí construirían la futura casa para la familia que algún día tendría su hijo. Este abría así su propio bufete de abogados.
El padre trabajaba la pequeña huerta anexa a la casa y hacía horas con el tractor a los vecinos que lo requerían.
La madre atendía las dos cabras y las pocas gallinas que les quedaban.
El hijo volvió a verlos después de muchos meses. Necesitaba más.
Quería llevar el bufete a una gran ciudad, además había conocido a alguien.
Vendieron la huerta, las cabras y el tractor, "total - pensaron - ya somos mayores".
Hicieron del alpendre una pequeña vivienda y vendieron la casa para costear la boda.
Se vieron en esa vida, mínima en la vejez, se miraron a los ojos fijamente y se dijeron sin hablar:
"Cría cuervos y te sacarán los ojos"
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