RECATO Y FUTURO

 


RECATO Y FUTURO



Han acabado de comer. Después de recoger como es debido hay que preparse para salir a pasear en familia. Pero no de cualquier manera. Mamá pone a las niñas en fila. Hay que lavarse, vestirse y peinarse. A Marina, la mayor, no le gusta eso. Ella quiere ir a su aire, vestirse a su estilo. No lo tiene fácil. Sus hermanas heredan sus ropas y como son más pequeñas pueden llevar los vestidos algo cortos. Pero ella no; a ella le gustan las minifaldas. ¡Uff, imposible! A su madre no se le escapa que ha doblado la falda en la cintura para subirla un poco. ¡Marina, haz el favor de bajar esa falda! Le manda ponerse de rodillas para comprobar que el borde de la tela roza el suelo. Marina está roja de rabia. Además quiere medias, “de cristal”, dice. Pero no. Aún no tocan; de momento sólo calcetines. “Ya te llegará el momento”, dice mamá. Marina quiere ser mayor; o quizás más pequeña, como sus hermanas que no tienen tantas restricciones…

Después de algunos rifirrafes, como siempre, se impone la norma.

Salen todos juntos, incluido papá, a dar el paseo dominical por el parque. Saludando aquí y allá. Las niñas pequeñas correteando; Marina caminando, enfurruñada, esperando tiempos mejores. Está harta del qué dirán, de guardar las formas, de vestir y comportarse conforme a unas normas tan estrictas. No ve más que pudor y apariencia por todas partes. ¿de qué vale todo eso? ¿Acaso nos hace mejores?

- “Niños, no se come con las manos”; “niña, llevas esos pelos sueltos, hay que peinarse como Dios manda”; “niña, no saltes así, pareces un chicote”; “niña, no cruces las piernas”; “niña, ponte derecha, como una señorita”; y más, y más, y más…

Con el paso del tiempo y otra forma de pensar, sigue siendo una Marina rebelde y trangresora que ha dejado los formalismos apartados. En cuanto tuvo la oportunidad salió de ese ambiente opresor, desarrolló su personalidad, estudió, trabajó y formó su propia familia.

Ahora que ya han pasado unos cuantos años y que, afortunadamente, esa época ñoña, figurona, de normas estrictas y estrechas ha pasado, Marina sonríe con sus recuerdos.

Es cierto que todo eso la sacaba de quicio, pero ahora entiende, o cree, que era fruto de la época y, una vez que ha quedado atrás, y además con éxito, echa una mirada a mamá, ya mayor, y la cubre con una sonrisa tierna.

Comentarios

  1. recuerdos de una epoca en que habia demasiadas normas , precioso relato

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