El viaje

Damián salió del metro, se sentía cansado y aturdido, había sido su ultimo día de trabajo, la despedida con sus compañeros y la celebración le habían mareado, demasiadas cervezas. Vio un contenedor de basura y tiro la mochila de la empresa con su uniforme de trabajo, fue como quitarse una carga
Sus últimos años laborales habían sido de pena, su empresa de toda la vida había cerrado cuando tenia 58 años, los últimos 7 había sido un eventual en varias contratas en el aeropuerto, había pasado por 5 empresas, los mismos jefes, la misma sede solo cambiaba la razón social
Vivía en una calle lateral de la avenida de la Albufera, un segundo piso tranquilo, cerca del metro y de la parada del autobús, un barrio multiétnico. Cuando compro el piso, 35 años antes, era un paleto un tío de pueblo llegado a la capital para comerse el mundo. Llego con su mujer y una hija recién nacida, su mujer y el tras varios años de trabajo reunieron el dinero para dar la entrada y pedir una hipoteca . En poco tiempo el barrio se lleno de emigrantes, la palabra paleto dejo de usarse y empezaron, otras usadas despectivamente con los emigrantes. Centro europeos, magrebís, latinos, subsaharianos, daban al barrio olores y colores nuevos. Nunca tuvo ningún problema con nadie, trabajo con latinos principalmente y apreciaba sus virtudes le recordaban a el cuando llego 40 años antes, recién licenciado del servicio militar y huyendo del pueblo
Mir la foto del día de su boda- Por fin vamos hacer nuestro viaje
Estaba en la cocina bebiendo un vaso de agua cuando sonó el teléfono
-Hola hija
-Que tal tu ultimo día de trabajo
-Pues aturdido los compadres me hicieron una despedida al salir de trabajar, me tome un par de cervezas, no soy bebedor y me parece que me voy a ir pronto a la cama
-Cuando te vas
-Pasado mañana
-Ten cuidado, es un viaje largo
-Lo tengo todo planeado hija, no te preocupes
-?Vas a venir por Castellón a la vuelta?
-Si tengo ganas de verte a ti y a los niños
-Descansa un beso
Colgó, tenia los ojos húmedos, quería a su hija con ese amor de padre callado y tierno
A las 9 de la mañana estaba en el taller del Maño
-El coche lo tienes como una perita en dulce, ¿Cuántos km le vas hacer?
-Entre ida y vuelta unos 7000
-Sin problema, por si acaso a los 3000 métele un poco de aceite, llevas media lata en el portamaletas. Se estrecharon las manos, era cliente de muchos años, entre ellos había respeto y confianza
La A-2 era una larga cinta gris de asfalto brillante al sol de la mañana, camiones, turismos, personal de mantenimiento todos metidos en la vorágine de la autovía mas transitada del pais, puso el intermitente y acelero se incorporo a su viaje, un viaje de amor y tristeza. Sintió, no miedo, una sensación de ansiedad fueron unos minutos. Paro al mediodía en un área de servicio, iba incomodo la ropa le apretaba las horas de conducción no le pesaban era una sensación de incomodidad. Entro en los servicios un extranjero se lavaba las manos, le miro de reojo, pantalones cortos flojos, camiseta de manga corta, y sandalias, el tono bronceado le dio envidia
¡Joder pareces de pueblo, pensó, bueno eres de pueblo, no te compras ropa desde que enviudaste y antes te la compraban. Salió del servicio y vio al tipo con su pareja, comían a la sombra cómodos con una nevera de donde sacaban comida y bebida. Se seco el sudor. Tampoco es tan complicado entro en un super compro lo que quiero y paro donde me apetezca . Durmió en las afueras de Barcelona, por la mañana vio un mercadillo, se armo de valor y se encamino. El espejo le devolvió una imagen de un hombre distinto un pantalón de color beige, una camiseta también beige con un dibujo en verde y unas sandalias marrones, lo único que desentonaba era la blancura de sus piernas, nada que no arregle un bote de crema solar
-Donde estas
-En Génova hija
-Como llevas el viaje
-Bien, la espalda algo dolorida, pero el resto bien, voy a tardar mas de lo previsto
-¿Por?
-Voy a visitar las ciudades quiero conocer algo de Italia
-Me alegro cuídate papa
-Un beso hija para ti y para los niños
-Si vas a Brindisi, puedes hacer dos rutas, Roma, Pescara y bajas por la costa del Adriático hasta Bari y de hay a Brindisi o vas a Nápoles y tiras hasta Brindisi
El que le hablaba era un camionero español 
-Tu cual me recomiendas
-Baja por una y sube por la otra, mira tío Italia esta muy bien pero puedes salir hasta los cojones de arte. Yo bajaría desde Roma a Pescara en la costa del Adriático pueblos pequeños y poco turismo y luego vuelves por Nápoles
-Gracias, invito yo a las cervezas
-Gracias paisano y dos consejos date crema en las piernas la carretera quema mas de lo que parece y no conduzcas muchas horas
Paro en Florencia, la ciudad le encanto, empezaba a tener el oído hecho al italiano, cada vez tenia menos problemas para comunicarse. Por las noches lloraba en la soledad de su habitación, siempre le contaba lo que veía y sentía. Roma le decepciono, demasiado turismo, colas para todo, solo el Trastevere y su iglesia de Santa Maria Nova le deslumbro, pero lo que le asombro fue el barrio sus gentes, era como un pueblo dentro de Roma. La vida le dio un pequeño vuelco en el mercado de Porta Portese en un puesto de ropa vio camisas veraniegas y tropicales algo que siempre le había gustado- Se que si estuvieras aquí me dirías , te gusta cómpralas, pero es la primera vez que hago algo sin ti, compro tres, se puso una desabrochada con la camiseta debajo y se sintió bien 
-Buenas noches papa, que tal Roma
-Pues la verdad hija me a desilusionado, mucha gente en todos los sitios, solo el Trastevere es fantástico
Se quedo en silencio unos segundos
-Me e comprado unas camisas
-Que bien papa venga mándame una foto
-Va nada importante
-No seas tímido
-De acuerdo te la mando por watts
-Papa estas guapísimo son unas camisas preciosas
Sintió que se había quitado un peso de encima. Tu siempre me vestiste, era un pacto no escrito en los matrimonios de mi época, ella te la compraba y tu te la ponías, no es una rebelión es que tengo que decidir yo, miro al techo de la habitación, estaba seguro que ella aprobaba lo que hacia
Le dolía el culo y los riñones, empezaba a pasarle factura los días de viaje, lo mejor era el bronceado parecía un turista veterano. Estaba en el anillo circular de Roma buscando la salida a Pescara cuando le reventó un neumático, sujeto el volante pero no pudo evitar rozar con el guardarraíl. El carabinieri fue simpático, pero le hizo la prueba de la al colemia, llego a un área de descanso y estaba cambiando la rueda cuando alguien le pregunto
-Buenas, es usted español, Damián se giro, un treinta añero con un bolsón al hombro le miraba
-Si, y creo que tu también, contesto con una sonrisa
-Si va a Pescara me puede llevar
-Tengo que esperar a que me parcheen la rueda. Un silencio el joven bajo la mirada
-Si te llevo, vamos a tomar un café mientras tanto
-Se lo agradezco pero le espero aquí
Llevaban una hora de viaje y ninguno había abierto la boca, Damián pregunto
-A que vas a Pescara, tienes amigos, trabajo
-Esta mi novio hace que no le veo 6 meses
-Italiano¿
-No holandés, trabaja en el museo Moderno
-Te esta esperando¿
-No, voy por sorpresa
Damián miro de reojo la cara del joven, su experiencia le decía que el holandés estaba con otro. Llegaron le dejo en el paseo marítimo. Le vio alejarse con el bolsón al hombro y sintió pena, eran tiempos que no llegaba a comprender, las tecnologías, las nuevas parejas, el consumo desaforado en fin como decía la canción malos tiempos para la lirica. Estaba sentado en una terraza del paseo marítimo cenando una pizza con una cerveza una noche agradable 
-Sigue en pie ese café¿
Se giro y allí estaba con su bolsón y ojos de haber llorado en silencio
-Siéntate, creo que necesitas algo mas que un café, tienes cara de hambre
No dijo nada se sentó y miro al mar, ese mar que había visto las conquista venecianas, comió con calma
-No me duele que me dejen, me duele el engaño la mentira, el desprecio a los sentimientos se aprende con dolor y lagrimas
-Voy a Ítaca a cumplir una promesa que le hice a mi mujer, falleció hace 8 años
-Me gustaría acompañarte, pero es tu viaje y debes ir solo, as sido una gran ayuda en estos momentos, se levanto y desapareció 
Bajo por la costa hasta Brindisi, su puerto abarrotado de barcos de todo tipo le impresiono
-Hola papa cuando te embarcas¿
-Esta noche, son 15 horas de travesía, parte la hare durmiendo en las hamacas de cubierta. Un silencio al otro lado del móvil durante unos segundos
-Te quiero papa eres un gran hombre. Su hija lloraba
-Gracias hija. Solo soy un hombre que amo
-Buenas noches papa
-Buenas noches hija
Los coches y camiones llenaban la barriga del ferry, patrullas mixtas de carabinieri y policía griega, provistas de perros controlaban el embarque, los carabinieri dirigían  los griegos asentían, un carabinieri le pidió la documentación, el perro olfateaba tranquilo el coche, le hizo una indicación de que abriera el maletero
-Que hay ahí. Se le hizo un nudo en la garganta, cogió la mochila la abrió y enseño la urna funeraria, el policía griego se acerco curioso
-Que lleva usted aquí dentro
Empezaron a temblarle las piernas, nunca había pensado en ningún problema
-Son las cenizas de mi mujer, las llevo a enterrar a Ítaca
Los dos policías se miraron habían entendido, le entregaron la urna 
-Siga 
Subió al coche temblando y arranco, entro en el ferry y cuando situó el coche rompió a llorar, subió a la cubierta del barco, este se separaba del muelle y empezaba a surcar el Mediterráneo el mar de los dioses, de la cultura, de la guerra , de una civilización que había llenado la historia de lo mejor y lo peor, griegos, romanos, cartagineses, venecianos, españoles, turcos habían amado , odiado y combatido en estas y por estas aguas. Le pudo todo el peso de la promesa, la tensión, la emoción del final del camino y le vino el recuerdo de aquella noche en el pueblo de dos jóvenes desnudos en aquella habitación el disco de Lluís Llach el poema de Kavafis y la promesa: Si alguno muere antes el otro llevara sus cenizas a Ítaca
Eran las dos de la tarde cuando llego al pequeño hotel en las afueras de Vitha estaba cansado, necesitaba darse una ducha y descansar. A las cinco de la mañana estaba despierto, saco un pantalón limpio una camisa y bajo a la recepción del hotel, una empleada le hizo señas para que se sentara, le trajo una taza de un café negro y fuerte, desplego el mapa y busco el camino para llegar a donde quería ir : las ruinas del palacio de Ulises. Subió al coche, la mañana era fresca y olorosa con ese olor que tienen los pinos del Mediterráneo. Aparco en una pequeña explanada junto a las ruinas. hecho andar por un sendero que conducía a la costa norte de la isla una costa rocosa de pequeños acantilados
-Hola hicimos una promesa y aquí estoy, siempre supe que la cumpliría, no voy a esparcir tus cenizas voy a dejarlas juntas. Rompió a llorar
-Fuiste mi gran amor
Lanzo la urna al mar, a un fondo de arena y posidonias, durante unos minutos miro al horizonte mientras el aire secaba sus lagrimas
Cuando llego al aparcamiento estaba lleno de turistas que recorrían las ruinas, volvió al hotel, la recepcionista le dedico una sonrisa y le indico la terraza del comedor, se acerco al bar, los cuencos con aceitunas negras en aceite y orégano esparcían su olor, el camarero le enseño una Mythos fría asintió con la cabeza y se sentó en una mesa mirando al mar, iba por la segunda cerveza cuando el camarero le trajo una ensalada griega, un cuenco con berenjenas asadas y un sargo a la parrilla, miro a la silla que tenia enfrente vacía y brindo con ella

Comentarios

  1. Me he dado cuenta de que al llegar al final del relato se me estaban cayendo las lágrimas...es muy conmovedor Jesús.

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