Caía agua y era que llovía

 

2026.02.24

CAÍA AGUA Y ERA QUE LLOVÍA

 

¿Cómo era posible? ¡Si vivíamos en el cuarto piso! Y no podía ser un sueño, de verdad estaba mojado, y mi mujer también, los dos en aquella mañana de domingo “haciendo el tigre”, (como decíamos en la mili al quedarse en cama más tiempo del permitido), remoloneando, sin prisa para levantarse, y de repente nos llovía en la misma cama.

Son momentos en que la razón desaparece porque era una sinrazón, lloviéndonos en la cama en un cuarto piso. Me levanté a mirar por la ventana, estaba claro que era imposible, pero fui a mirar a ver si se había inundado todo hasta nuestro nivel. Cierto, llovía, nada más, nada extraordinario fuera, lo extraordinario estaba dentro, nos llovía en la cama. Se acabó el holgazanear, arriba, a retirar la ropa y el colchón, que no se empapara, y a poner un cubo en la gotera. ¡Leches! Cae por la lámpara, a ver si vamos a tener un cortocircuito, rápido desconecta la corriente, ¿Y ahora qué? ya vamos despertando, pensemos, ¿qué tenemos arriba? Están los trasteros y encima el tejado, pues vamos a mirar.

Mientras me visto un poco, el cubo ya está lleno, ¡Dios qué manera de caer agua!

¿Dónde está la llave del trastero? Ah sí, es verdad, bueno, ya subo

¡Guau! ¡Si es una piscina! Una cuarta de agua tenía el trastero todo ¿y ahora qué?

¡Qué hermosa mañana de domingo!¡que unión vecinal! Son momentos de ver que sí, que en la vida normal casi ni nos saludamos, pero en los momentos difíciles ahí estamos todos.

Cubos, toallas, fregonas, paseos con los cubos a los fregaderos para tirarla, arriba y abajo, arriba y abajo.

Jamás volveré a vivir en un último piso, y en el que viva, recordaré siempre a la comunidad, que todos los años hay que limpiar los desagües de la cubierta.

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