2026.03.03

 

Ballena, Sonrisa

 

Hacía calor, mucho calor, pero no lo notaba, estaba acostumbrado, toda su vida había sido así. Alí, como todos los días, iba a buscar el agua para la familia. Era poco tiempo, era ágil corriendo y en media hora llegaba al pozo, y aunque tenía que esperar a los demás no le molestaba porque charlaban y era muy entretenido, y además la mayoría eran chicas y había varias que le gustaban. Pero aquel día no había nadie, se extrañó, no era normal, y, dándole vueltas a la cabeza se inclinó para sacar el agua sin darse cuenta de que, desde atrás, surgieron unas personas que no había visto, agarrándole, atándole, y llevándoselo de allí.

¿Adonde se lo llevaban? ¿Por qué lo habían cogido? ¿Por qué no le soltaban? Tenía que llevar el agua a casa ¿qué pensarían? ¿qué ocurriría?

Pronto tuvo que dejar de pensar y dedicarse a andar. Lo llevaban encadenado junto a otros muchos, casi no conocía a nadie, pero tampoco podía hablar con los que conocía. Ahora sí sufría el calor, y la sed, y el hambre.

Tras días y días de caminar llegaron a un terreno totalmente distinto, había otros árboles, y hierba en el suelo, y no hacía calor. ¿Pero qué era aquello? ¿cómo podía existir tanta agua? No era un sueño, lo estaba viendo, ¡agua hasta el infinito!

Los metieron en una especie de caja grande, muy rara, que estaba encima del agua ¿cómo era posible? él sabía que lo que caía en el pozo se hundía y no se podía recuperar. Alí ya no lloraba, estaba tan confundido, tan extrañado que le era imposible pensar e imposible llorar ¿para qué? ya estaba seco de lágrimas y no servían para nada.

Tras varios días encerrado en aquella caja que se movía, que le había hecho vomitar hasta dolerle el alma, igual que a todos los demás, le sacaron a ver el día, a respirar aire. No lo podía creer, no había tierra, todo era agua alrededor, hasta el infinito en todas partes. Repentinamente un animal enorme salió del agua, escupió un chorro y se volvió a meter, su inmensa cola golpeó y la salpicadura le mojó de arriba abajo. Empapado, Alí sonrió.

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