2026.03.10
Recuerdos evocadores
Los de antes tenían los cuernos más grandes. Esto no es
nada, antes sí que hacía frio. La comida de mi abuela, nunca volví a probar
otra como aquella. Que mierda la música de ahora, es todo ruido, antes sí que
se hacía buena música.
Hemos envejecido. Hemos cambiado en nuestra mente cuanto ha
sucedido, y sin embargo somos lo que recordamos. Moraleja, nos hemos creado
como nos ha dado la gana, y precisamente por eso ¡qué bonito!
Dicen que hay gente que solo recuerda lo malo, a mi me pasa
lo contrario, tengo una magnífica goma de borrar y en cuanto pasa, ya me
olvidé; con ello, todos mis recuerdos, reales o transformados, vividos o
soñados, son bonitos. Par qué estropearse la vida si es la única que tenemos.
Pero debía habla de algún recuerdo. El primero, soñado. Me
habían hablado tanto de estar sentado en la escalinata del muelle con los pes
en el agua esperando la barquita de Talamanca cuando un pulpo se acercó a mis
pies, que en i sueño ya tiraba de mí hacia el agua. No recuerdo nada de Ibiza,
nos fuimos siendo yo muy niño, pero de Lugo sí que tengo muchos, alguno muy
discutido por os que no han visto tal cosa, pero cuando llegaba San Froilán,
toda la ciudad olía al pulpo que como si fueran camisetas ponían a secar las “pulpeiras”,
y esto me lleva a las visitas a la feria, los puestos de venta de aquellas
varas con un clavo en la punta, aquellas piezas de sé qué, todas retorcidas,
que se usaban para enganchar los bueyes al carro. Dando un salto me voy al “paseo”,
calle de la Reina y Cantones arriba y abajo, esperando volver a cruzarla para “refrescar”
viéndola. Recuerdo un francés (Ives) que pasaba temporadas con nosotros y le encantaba
decir “adiós” una y otra vez a la mismas personas. No fui a guateques, me
hubiera gustado, pero fui a la “puesta de largo” de una amiga. Fuimos toda la
pandilla previa visita a La Coruña (ahora A Coruña) para alquilar el chaqué. No
sé si estábamos más elegantes nosotros o ellas, que desplegaron todo su
atractivo incluso pintándose los labios. Estaba Formula V en todo su esplendor,
creo recordar, y no quiero esforzarme en recordar sus canciones, si no, no
puedo después quitármelas de la cabeza.
Mis primeros vinos, con quince años, iba con un amigo,
tomábamos dos, pagando cada uno una ronda (3 pesetas), y nos jugábamos la tapa
al “chinchimonis”. Siempre me ganaba, pero le perdono porque después dormía de
maravilla y con unos sueños…
Calla Luis no te desvíes y deja esto por ahora, que ya empiezas
a escribir lo que no debías.
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