La despedida de Julián
Al llegar a la orilla Julián salió de su barquita, saltó con la ligereza y destreza propias que un niño de su edad adquiere tras muchas repeticiones. Como cada día, empujó la pequeña barca hasta el gran árbol, ese que tuerce sus ramas hacia el mar como si quisiera pescar, la ató a su rama favorita, la que tiene forma de S, y antes de adentrarse de nuevo en el bosque miró hacia el mar, levantó la mano y saludó.
Desde el día en que su madre le había contado la historia de la estrella y la ballena, todos los días se adentraba un poquito en el mar, l o justo para llegar a nado de nuevo a la orilla en caso de peligro, lo justo para dejar atrás el bosque y contemplar el paisaje por entero desde el agua cristalina. Todos los días a la misma hora. Todos los días con el mismo deseo y la misma esperanza. Todos los días el mismo ritual., depositaba suavemente con ambar manos la estrella que su madre le había dado. Era un objeto único y precioso. Su madre la había heredado de su abuelo, su abuelo de su bisabuela, y así se perdía en la memoria hacia atrás hasta volver hacia adelante y llegar a él. Tenía el tamaño justo para encajar entre sus manos, hecha de muchos pequeños fragmentos de piedras y conchas, todo del mar.
Esa noche su madre volvió a contarle la bella historia de la estrella y la ballena y Julián comprendió. A la estrella le faltaba algo, por eso no funcionaba, no había tenido el resultado esperado en todos aquellos días. Apenas pudo dormir con la ilusión y el nerviosismo de comprobar qué pasaría a la mañana siguiente, así que se levantó y miró por la ventana hacia la oscuridad del cielo centelleante y pensó ¿me ayudaréis a conseguirlo?
A la mañana temprano corrió por la arena y fue corriendo hacia el gran árbol. En el hueco junto a la raíz Julián escondía sus más preciados tesoros, pero había uno que para él era muy especial.. Lo cogió y dándole vueltas a la estrella buscando la forma de encajarlo, de repente brilló y se unió a esta como un imán. Desató la barquita absolutamente emocionado y la empujó hasta el agua al tiempo que saltaba a su interior. Una vez remado y alcanzado el punto perfecto, tomó de nuevo la estrella que continuaba resplandeciendo, y la dejó flotar. En el acto, un rumor levantó una pequeña ola que traía algo en su interior. Los ojos de Julián brillaron. De la ola salió una ballena que se acercó lenta y suavemente a la barca.
Pasó el mejor día de su vida, el cuento se hacía realidad y ahora era él el protagonista, sabía que al atardecer todo acabaría pero intentaría saborear cada momento con gran intensidad.
Casi al anochecer llegó de vuelta a la orilla. La barquita había desaparecido pero ya no le importaba. La ballena lo había llevado de nuevo hasta allí y lo miraba con inmensa ternura. ¡Cuántos misterios resueltos, cuántas aventuras vividas!
Ahora sí, sabía que al levantar la mano aquella sería la última vez, una despedida de verdad. La ballena escupió agua, lo miró, se volteó y se sumergió. Las lágrimas de Julián se fundían con el mar. Todo lo vivido ese día lo guardaría en su corazón para siempre.
Inma.
Eres una crack, ¡¡qué bonito!!el último párrafo emociona. Léeselo a tus chicos. Les gustará.
ResponderEliminarInma eres muy buena escribiendo cuentos para todos niños y adultos, es precioso
ResponderEliminarEstrellas que brillen como tú
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