Texto sublime Espléndida primavera Sigamos la corriente
Se sentó en un banco del parque, con unas manos temblorosas saco el blíster, tomo una pastilla con miedo a que se le cayera al suelo y perderla
Todo era alegría a su alrededor, la naturaleza explotaba en colores y vida, había un ambiente de alegría era la primavera, el calor poco a poco avanzaba, el sol calentaba cada día un poco más, los niños, las parejas, los adultos, todos tenían otras caras
El tenía la cara que te deja la enfermedad mental, manos temblorosas, labios resecos con saliva en las comisuras, ojos hundidos y una pial reseca y escamada
El sol le calentaba, el alboroto del parque le llegaba cada vez menos a los oídos, había desarrollado la capacidad de aislarse del resto del mundo como defensa, cerro los ojos
Sintió que la madera del banco crujía por el peso de alguien, abrió los ojos y miro a su derecha, un chaval de unos 10 años se había sentado. Sudoroso, el pelo pegado a las sienes y al cráneo, debía haber hecho muchos metros corriendo
Se miraron, el chaval sonrió
Es que el dueño de la pelota se fue
Sonó a justificación de porque se había sentado
Juego con ellos, aunque son muy malos, ganamos porque marque tres goles sino es por mi nunca ganaríamos, además menos de portero juego de todo
Era un torrente de palabras sin parar
Se desabrochó la cazadora y saco las manos de los bolsillos, el temblor había desaparecido
El crío seguía hablando de fútbol sin parar, por un lado le agobiaba pero por otro le envidiaba, saco un cigarrillo y con unos dedos amarillentos de nicotina lo encendió. El chaval le miró serio
Fumar es malo, lo dice mi abuel, yo no fumo y aguanto toda la tarde jugando, mi padre no es capaz de correr 50 metros seguidos
Y empezó un discurso sobre el deporte, se sentía raro por un lado la cháchara del crío le agobiaba y por otro le gustaba
Buenos me voy que hay vienen otros con un balón adiós
Saltó de banco y salió disparado a seguir jugando , sentía el calor del día, se quitó la cazadora, sus brazos delgados y blancos hacia mucho que no tomaban el sol
Vio pasar mujeres primaverales con sus vestidos cortos, adolescentes de leguin ceñidos y risa fácil, abuelos en chándal con niños que daban sus primeros pasos. Sus ropas tenían veinte años, no había vuelto a comprarse nada desde la muerte de su padre. Se levantó despacio con esa sensación de cansancio que siempre le acompañaba, atravesó el parque, el crío corría tras un balón, le dijo adiós, subió a un bus camino de casa hacia años que iba sin la cazadora puesta y no tenía temblor de manos. Entró en la vivienda dejo la cazadora en el perchero, su madre trajinaba en la cocina, le sonrió
Tienes buena cara, te sienta bien la primavera
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