Un corte de pelo

 

    Delante del espejo recordó todos los estilos que había llevado, de niña con trenzas a melena cortita, con y sin flequillo, de joven con melena larga a larguísima, ondulada, lisa, con y sin mechas, de adulta con cortes escalonados, y más cortes y cortito, y rizado, y alisado, y vuelta al largo, y la raya a un lado y al otro, y al medio, y venga a probar colores. 
    Lo suyo era pasión por su pelo, le encantaba cepillarlo por las noches, e incluso meter la tijera de vez en cuando con precisión, sin miedo, crece rápido se decía siempre animosa.  Le gustaba cambiar y verse reflejada de formas distintas, de esos yos que cada uno llevamos dentro.
    Recordó qué la había llevado a ese preciso momento en que no podría cuida más de su pelo porque se le empezaba a caer. La medicación, la falta de fuerzas, la pérdida de ilusión. Cada vez que a lo largo de su vida había cambiado de peinado había salido fortalecida así que ahora, ahora también, se dijo a sí misma apretando la mandíbula en un esfuerzo de sonreírse, en busca de la valentía y la garra que de un tiempo a esta parte tanto le fallaban. 
    Miró la máquina en su mano, conectó a la corriente con la otra y se dijo en voz alta ¡ a tomar por...venga, va! y sin más empezó a raparse la cabeza dejando caer los grandes y largos mechones.
    Al acabar se acarició la cabeza con ambas manos, querían escapársele las lágrimas cuando de repente se vio de verdad. Sus ojos verdes ahora reflejaban esperanza, su cara redondeaba emoción, y sus labios brillaban una sonrisa. Estaba ahí, y era ella. ¡Era ella de verdad! Por primera vez en su vida.

Inma.

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